lunes, 25 de agosto de 2008

V.- Signo y dimensión de la tarea

Bolívar es por sobre todo un político creador, un conductor de pueblos; el intérprete supremo de una suprema aspiración colectiva; un realizador. Es el arquitecto y el obrero de la primera etapa, de la edificación de América; dista bastante del intelectual profesional, no es el escritor con tenaz y total vocación literaria, tampoco tiene temperamento de científico; difiere de la absoluta y parcial función del doctrinario, del mero teorizante o forjador de un credo. Es un hombre que encarna una síntesis. Ni escritor ni teórico en exclusividad, pero hombre diestro en el manejo de la palabra, y en el juego de las ideas, filósofo, estudioso y realizador a la vez.

Los problemas intelectuales, por sí mismo, no llegaron a preocuparle, sin embargo, su actividad mental -juzgándola con imparcialidad- es asombrosa. Bolívar se revela en sus producciones pensador dinámico, y a la par escritor y observador certero de nuestra integral realidad. Su tarea exigía estas cualidades, no era tarea abstracta sino práctica y muy concreta; no era tarea de un día sino para la vida de muchas generaciones. A sus conciudadanos dice ya en 1814, con énfasis que publica el conocimiento responsable de la majestad de su determinación: "Los directores de vuestros destinos no menos que sus cooperadores no han tenido otro designio que el de adquirir una perpetua felicidad para vosotros que fuese para ellos una gloria inmortal. Mas si los sucesos no han correspondido a sus miras, y si desastres sin ejemplo han frustado empresa tan laudable, no ha sido por efecto de ineptitud o cobardía, ha sido, sí, la inevitable consecuencia de un proyecto agigantado superior a todas las fuerzas humanas. La destrucción de un gobierno, cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiempos: la subversión de principios establecidos: la mutación de costumbres: el trastorno de la opinión, y el establecimiento en fin de la libertad de un país de esclavos, es una obra tan imposible de ejecutar súbitamente, que está fuera del alcance de todo poder humano, por manera que nuestra excusa de no haber obtenido lo que hemos deseado, es inherente a la causa que seguimos, porque así como la justicia justifica la audacia de haberla emprendido, la imposibilidad de su adquisición califica la insuficiencia de los medios", II-1069.

Bolívar se hizo para su obra; su formación fue obra conciente, labor autodidacta que sabe bien cuál es su norte y que conoce bien sus posibilidades y sus aptitudes. "Yo soy el hombre de las dificultades y no más: no estoy bien sino en los peligros combinados con los embarazos; pero no en el tribunal ni en la tribuna", I-1174. Muchas veces dirá que el bufete, para él, es "lugar de suplicio", I-1107, II-1177, por razón de su carácter no podía circuncribirse al solo gabinete del estadista; su puesto estaba conjuntamente en las batallas, en las conferencias, en los salones y en los campamentos, donde a la vezfuera necesario pensar y hacer, y no hacer sin pensar, ni pensar sin hacer.

Bolívar es el revolucionario prototípico, intuye la quiebra de las bases socio-económicas de su tiempo y tras formular su fundamento programático se entrega en cuerpo y alma a la acción. Su afán no es meramente destructivo, trabaja por reemplazar las estructuras rotas con las más adecuadas a la realidad y a la conveniencia de su medio y de su porvenir.

En sus escritos hállanse, entre varias, dos autodefiniciones de su profesión. En ellas, no exentas de un melancólico tono poético, están contenidos el signo y la dimensión de su tarea. En una ocasión dice que se ha "metido a alfarero de repúblicas, oficio de no poco trabajo, pero al mismo tiempo glorioso", I-963. En otra concibe al "Nuevo Mundo como un medio globo que se ha vuelto loco y cuyos habitantes se hallasen atacados de frenesí y que, para contener este flotamiento de delirios y atentados, se coloca en el medio, a un loquero con un libro en la mano para que les haga entender su deber", II-350. Sobre este binomio de funciones insistirá otras veces; él mismo resumiráambos papeles en una síntesis autocrítica de su esfuerzo, declarando llanamente: "yo no he hecho más que dos cosas: pelear y dar algunas ideas de legislación", I-1379. Su leit motiv será siempre la doble sustentación material y moral de so obra creadora. Alfarero de república, loquero de América. Dos actividades complementarias en su esencia; dos funciones que requerirán la misma fuerza y la misma vocación y que dan la clave de su personalidad.

La investigación científica ha de orientarse a desentrañar el contenido real de expresión matafórica. Alfarero de repúblicas quiere decir autor material de la libertad de los pueblos. Guerrero y organizador. Este había de ser el oficio de quien construyó siempre, construyó desde abajo, desde los clavos para las herraduras hasta la idea de un nuevo orden universal. Su mente sintetizadora recogió la inspiración del pasado, y empujó hacia el porvenir concretándose en su presente: así nació su programa. su deber es el de alfarero, producir conforme a las pautas del oficio. Bolívar se empeña en modelar a América, en hacer de la América arcilla la América república, la legítima América. Su drama es el recomenzar continuo y nunca terminar "Lo que hago con las manos lo desbaratan los pies de los demás", II-113. Loquero de un continente es una forma de nombrar el papel de guía un tanto idealista y romántico, que sabe conducir, que avisa a tiempo los escollos y se empecina en salvar hasta aquellas sociedades "cuyos individuos son enemigos natos de su propia existencia", II-446. Bolívar quiere a América libre y conciente. "No puede haber república donde el pueblo no está seguro del ejercicio de sus propias facultades", II-1178. Es simpleza creer que le basta lograr la separación política de España y que con ello cancela su inquietud; ése era un ideal plausible pero coro, tal no podía ser su empeño exclusivo; ése habría sido el de algún interesado simplemente en heredar el poder del mando ibérico. Bolívar apunta hacia la separación política como el paso inicial hacia el surgimiento de nuestra peculiar fisonomía de pueblo. La Independencia para él no es un vocablo jurídico sino socio-histórico. ÉL busca: "la independencia en el más lato sentido de esta palabra sustituida a cuantas dependencias antes nos encadenaban", I-1106.

Pueden descubrirse en el pensamiento bolivariano insuficiencias y hasta equivocadas conclusiones; esos defectos deben ser enjuiciados dentro de su total configuración intelectual, pero no olvidando las características de su circunstancia y de su acción. Al Libertador no ha de pedírsele en el plano teórico más de lo necesario para definir y enrumbar su obra.

Bolívar concibe e impulsa la Revolución Americana como una empresa orgánica que ha de marchar simultaneamente por cinco vías y con sendos objetivos convergentes. En el orden político se trata de la emancipación, ruptura de los vínculos políticos con la corona española; nacimiento público de una magna entidad nueva; conquista de la libertad y de la autonomía. En el orden económico aspira a sustituir la estructura agraria del esclavismo por la del salariado del régimen monetario; trabaja decidido por la justicia en la distribución de los bienes; apunta a la independencia económica por la distribución de la tierra a los propios trabajadores, esto es, situar los medios de producción en las manos de sus verdaderos agentes; y tiende a la nacionalización de la riqueza minera. En lo social -conjunta e indisolublemente ligado a lo económico- se pronuncia por la abolición absoluta de la esclavitud y de los privilegios; la meta es reinvidicar la dignidad humana, eliminar las diferencias sociales: liberar a los negros, redimir a los indios, propender a la superación de los pardos; igualdad para todos. En lo jurídico su acción revolucionaria se expresa en la concepción de un Derecho Americano, en la estructuración y defensa de principios legales para regular las relaciones inter e intracontinentales; él da la pauta y reúne por primera vez la asamblea de países americanos; establece el nucleo germinal de una ágil y vasta unidad jurídica. En el campo histórico de la Revolución se traduce en la entrada al orden universal de una nueva, inmensa y rica unidad colectiva con un plan de justicia, paz y armonía internacional, con propia conciencia de su existencia, de su originalidad y de su auténtico destino. Dentro de lo específicamente cultural, Bolívar se define como un protector decidido de la educación popular, en su concepto "el primer deber del gobierno", (1) a ninguna otra materia -salvo a la guerra y a la diplomacia- concedió tan minuciosa y sostenida atención. A todo esto se añade en el orden espiritual una acción renovadora, y complementaria de esas cinco directrices, cuyo norte es establecer el imperio moral, elevar la virtud a norma y ejercicio constante de la vida social, insistir en la justicia, propagar y realizar el bien. Lograr un alma nueva, sólidamente abroquelada en los éticos culminantes de nuestra civilización.

Las líneas sustanciales de este programa coherente que Bolívar perfecciona y explana en el curso de su existencia, están declaradas desde el año primero de su acción pública. Se equivoca la Escuela Tradicional cuando tras calificativos que pretende elogiosos, predica como característica bolivariana el in promptu, la dispersión mental y la casualidad. Desde 1810, aunque en estado embrionario, existió el programa orgánico y sincrónico que rigió la conducta Libertadora hasta su muerte. Iniciado en la defensa de la libertad e independencia de su patria (revolución política) empresa por la cual ya había pagado pena de confinamiento, viajó ese año a Inglaterra con la primera representación diplomática nacional; comienza allí la obra que en 1825 recapitulará en Potosí diciendo: "en quince años de una lucha de gigantes, hemor derrocado el edificio de la tiranía formado tranquilamente en trs siglos de usurpación y de violencias", II-1214. Perpectivas distintas se abren, a su juicio, desde ese año para encauzar por una ruta segura y nueva la existencia del mundo americano: "el diez y nueve de abril nació Colombia", II-1165 (revolución histórica) y desde entonces nace su ideal de fundar el igualitarismo (revolución social), más adelante lo confirmará recordando que la igualdad absoluta fue "la base fundamental desde el día glorioso de nuestra insurrección", II-1105. En Londres expone en ese mismo 1810 su primera idea de unidad continental (revolución jurídica", habla de "invitar a todos los pueblos de América a que se unan en confederación" (2); en ese mismo viaje deja constancia de su "interés tan vivo y poderoso" por la educación (3). El plan revolucionario de Bolívar, por tanto, no es una obra orgánica a posteriori, ni fruto del azar. Enfrentando a los hechos, el Libertador va desenvolviendo las ideas que posse desde 1810. Dedicado a objetivos concretos su energá se consagrará a realizar ese programa metódico, en la forma y posibilidad que brinde su hora.

Necesaria es la insistencia en el fín político-práctico de toda la tarea bolivariana para situar en su justo punto las características de su pensamiento. Muy ptras serían las objeciones y conclusiones si Bolívar hubiera sido -por ejemplo- un filósofo. Muy exigentes deberíamos ser desde el punto de vista científico si su caso fuera el de un constructor de teorías. La exigencia crítica tiene que ser referida a la naturaleza y señales de su empresa.

Bolívar se orienta íntegramente por el signo y la dimensión de su tarea; con arreglo a ellos estructura su personalidad; se provee de todos los elementos morales, intelectuales y humanos que habrá de requerir en la hora suprema y decisiva del esfuerzo.
El signo de la tarea de Bolívar es el signo eficiente de la genuina revolución, de la verdadera creación, de las inquietudes concretas, el signo del alfarero de repúblicas. La dimensión de su tarea es la del continente, la inconmesurable dimensión del loquero de América.

NOTAS:

1. "El primer deber del gobierno es dar educación al pueblo. Bolivia, I-432.
2. "Los venezolanos... Tampoco descuidarán de invitar a todos los pueblos de América a que se unan en confederación. Dichos pueblos, preparados ya para tal proyecto, seguirán presurosos el ejemplo de Caracas". Artículo en el "Morning Chronicle" de Londres, 15 de septiembre de 1810. Cf. América y el Libertador: Publicaciones de la Secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana. Nº 3. Caracas. 1953, pág. 7.
3. Carta de José Lancaster para Bolívar: "Cuando me acuerdo yo de tí, fue cuando tuve el gusto de perorar, usando algunos diseños explicativos, a los Diputados de Caracas (de que tú formabas parte) en la habitación del General Miranda, en Grafton Street, Piccadilly, Londres, hacia el 26 o 27 de Septiembre de 1810... Mi sistema excitó en tu mente un interés tan vivo y poderoso cuando estabas en Londres... Comprendí aquella tarde que a causa de mi utilidad a la nación y mi reputación en Inglaterra la acción sobre los ánimos allí, a consecuencia de tu interés en la educación que he logrado hacer asunto de importancia para todo el pueblo inglés, será altamente favorable al honor de Colombia; y todo lo que la enaltezca tiene que deleitar mi corazón". Bolívar y su Época: Publicaciones de la Secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana. Caracas, 1953. Tomo I, páginas 146 y 148.